Egipto, recomendaciones de viaje y tips (marzo 2026).

No suelo escribir de mis viajes pero la verdad es que me apetece. Además, tengo varios conocidos que me han preguntado por cómo está aquello, así que aprovecharé para lanzar mi post de reflexiones, recomendaciones y consejos varios.

Y bueno, es mi blog por algo, ¿no?

El viaje

Nosotros fuimos con Exoticca, una agencia de viajes online. A su vez, como todas las agencias, ellos contratan el paquete con un proveedor local. Un mayorista que gestiona el viaje al completo. En nuestro caso ese mayorista era Explora Traveler. No lo intentéis, no podéis reservarles directamente porque solo es para agencias (ya lo intenté yo).

Con nosotros había gente que contrató paquetes similares con El Corte Inglés, Halcón Viajes y con pequeñas agencias locales. Con sus más y sus menos todos acabamos disfrutando una experiencia similar. La única variante era que nosotros teníamos algunas excursiones como opcionales y no las cogimos, y algunos tenían el “todo incluido” y no les dieron esa opción. Podíamos haber contratado esas excursiones opcionales allí mismo e intuyo que los precios bailarían poco así que realmente, da un poco igual.

El viaje constaba de 4 noches en un crucero por el Nilo con pensión completa, y 3 en el Cairo en régimen de solo desayuno. Buenos cruceros y buenos hoteles, a 1150 € por persona en total, más 100 € a pagar en efectivo en destino para costear el visado y las propinas generales del viaje. Si contamos lo que contratamos en destino, bebidas (que no estaban incluidas), cervezas varias que son carísimas, las comidas de El Cairo y demás gaitas, nos ha salido a 1650 € por persona. Regalillos aparte. Desde mi punto de vista, un chollazo para la experiencia que es.

Día 1

Salimos desde Madrid dirección Luxor tras unas buenas colas en el aeropuerto, si vais, id con tiempo. Lo de las 3h que recomiendan… están bien recomendadas.

Nada más llegar al aeropuerto, ya había guías por allí distribuyendo a los viajeros por barco. Todo en castellano desde el minuto 1. Yo me manejo muy bien con el inglés, pero se agradece porque la edad media de la gente era de peinar canas e inglés hablábamos poca gente.

Nos asignaron a un guía muy experimentado y será el que nos acompañase ya durante todo el viaje. Mohamet Tantawy. No era el que mejor explicaba del mundo (creo que ninguno era realmente excelente en eso) pero controlaba los tiempos y a la gente como un verdadero crack. Tenía TODAS las tablas el tío, eficiencia pura.

Llegamos para cenar y dormir, que al día siguiente a las 5:00 tocaban campana. Primera cosa que aprendimos, en este viaje íbamos a madrugar MUCHO.

Día 2

Madrugamos un huevo para visitar el templo de Karnak a primera hora (primera hora es las 6:18, quiero decir, a esa hora es nuestra primera foto ya en Karnak). Hora mágica con el Sol saliendo (amanecía sobre las 6) y comenzar a abrir la boca y no solo por el sueño. Karnak no es el templo más impresionante del viaje, pero lo sería de cualquier otro viaje en el mundo. Qué barbaridad. Más de 100 columnas enormes te dan la bienvenida a Egipto por todo lo alto (y nunca mejor dicho, porque son enormes). Tras Karnak, en la misma ciudad visitamos el templo de Luxor, a tres kilómetros el uno de otro. Ambos templos, además, están comunicados por un paseo impresionante llamado Paseo de las Esfinges. Nosotros fuimos del uno al otro en autobús, pero el paseo es transitable en gran parte y se pueden ver las esfinges que unen ambos templos a ambos lados del camino.

No eran las 11 yo creo y ya llevábamos dos templos visitados, ese es el ritmo. Frenético.

Cruzamos el Nilo para llegar a la orilla occidental donde se sitúan las tumbas. El valle de los Reyes es una cosa loca que es imposible de visitar en su totalidad. Son 63 tumbas excavadas en piedra caliza en medio de un desierto inmenso. Con la entrada puedes visitar 3 a tu elección de entre las que están abiertas que serán una docena o así (y, por un poco más, puedes visitar la de Tutankamon aunque nosotros no lo hicimos porque la tumba realmente no tiene nada y ya íbamos a ver lo importante, el tesoro, en el Gran Museo). Todo lo que pueda decir del valle de los reyes se va a quedar corto. Me gusta escribir (como podéis comprobar) pero mi capacidad literaria no alcanza a describir aquello. Textos jeroglíficos a color con más de 3500 años de antigüedad. Y no hay una pared, hay cientos.

Ya hacía calor y rondaban los 25 grados como mucho y no había dado el mediodía… pero estábamos en medio del desierto. No quiero saber cómo debe ser esto en julio, la verdad.

Pensaba que la mañana estaba hecha, pero aún nos quedaba visitar el templo de Hatshepsut. De cerca no impresiona tanto (la conservación de los detalles no es tan buena como la de las tumbas al estar más expuesto y haber sufrido bastante), pero la panorámica al entrar sí. Unas escaleras enormes que comunican un templo a dos niveles también excavado sobre la montaña. Parece una película.

Reventaos, volvimos al barco y disfrutamos de la tarde en la piscina que tenía en la parte superior mientras flipábamos con el enorme número de barcos motonaves que circulaban por el río haciendo la misma ruta que nosotros. Las orillas del río también daban un paisaje digno de admirar y la temperatura era ideal para disfrutar. Incluso, los más valientes nos dimos un bañito.

Aquí vivimos una de las cosas más rocambolescas del viaje. Según estábamos en la cubierta del barco, empezamos a escuchar voces de unos locales que iban en cayuco pegados (de hecho, atados) a nosotros, ¡vendiendo pasminas! A voces desde su pequeña barquilla a remos. Te tiraban los paquetes a cubierta y les tenías que lanzar los billetes. Todo muy loco. De verdad que lo de este país con el mercaderismo es tremendo. Incluso a la noche, al abrir la ventana del barco para ver el Nilo, te los encontrabas ahí dando la matraca.

Día 3

En este “día tranquilo” nos levantaron sólo a las 7 y media, para salir a las 8:30 a ver el templo de Horus, en Edfu. La gran particularidad de este templo con respecto a los otros es que fue construido en el periodo helenístico y, aunque mantiene una arquitectura similar a los templos antiguos (ojo, ¡2 mil años atrás!) sí que se pueden apreciar particularidades que los hacen diferentes.

Tras un paseíllo por un pequeño mercado local volvimos a comer al barco, que partió camino a Kom Ombo, que no está lejos y era nuestro destino de la tarde. Otro templo del periodo ptolemaico cuya particularidad es ser un templo doble (dedicado a 2 dioses, Sobek y Haroeris). La historia es muy chula pero no la repetiré por aquí, que Internet y la wikipedia son suficientes.

Fue un día tranquilo, la verdad. Y falta hizo porque el siguiente no lo será.

Día 4

Amanecemos a la 1:45. Sí, no me he confundido. A las 2:30 salimos del barco para tomar un autobús en dirección a Abu Simbel. Ya os dije que en Egipto se madruga mucho. Algo más de 3 horas de autobús nos esperaban, en medio de un convoy de por lo menos 20 autobuses escoltados por la policía por una carretera que cruza el desierto y que cierra por la noche (por eso íbamos escoltados). Después de que nuestro guía acreditase ante la policía quiénes íbamos y todo eso (nosotros no nos bajamos ni del autobús ni tuvimos que hacer nada) nos dormimos en el bus a ver si con suerte aparecíamos en Abu Simbel de forma mágica. Por suerte me duermo en cualquier sitio y así fue. Abu Simbel es una verdadera locura. Se trata de dos templos, el de Ramsés II y el de su esposa, que inicialmente estaban excavados directamente en la montaña pero que, tras la construcción de la gran presa de Asuán (terminada en 1971), tuvieron que moverlo. Moverlo, unos 300 metros hacia atrás y unos 60m hacia arriba. Piedra a piedra, tras cortarlas en bloques grandes. La historia es fascinante y os invito a leerla o verla en algún documental. La colaboración española en el traslado del templo fue importante y Egipto, en agradecimiento, regaló a España el Templo de Debod, que puedes visitar en su ubicación en el centro de Madrid (dónde lo iban a poner sino, claro…).

La visita a Abu Simbel es opcional para la mayoría de las agencias de viajes pero la recomiendo fervientemente a pesar del enorme palizote que supone.

La mañana fue muy instructiva y, la tarde, muy divertida. Tras otros 3.5h de viaje en autobús por el desierto (con su respectiva siesta) comimos en el barco y salimos pronto para montar en una faluca y dar un pequeño paseo por el Nilo. La faluca es un barco pequeño sin motor que se ha usado tradicionalmente en esta zona del Nilo por la gente local. Tras eso, como habíamos contratado directamente al guía la visita al poblado Nubio, nos cambiamos de barco (en pleno río, no os creáis que fuimos a la orilla) para coger una lancha grande a motor y tomar rumbo al poblado.

En la lancha nos asaltó un barco nubio y nos abordaron unos cuantos músicos que tocaron un poco para nosotros y cantaron un par de canciones locales. Evidentemente todo esto estaba ya acordado y debidamente pagado e incluido en la visita, pero para nosotros fue una sorpresa y nos reímos un montón. Por supuesto, durante el paseo en lancha también tuvimos interrupciones. Niños montados en tablas de surf se acercaban para cantarnos la macarena y fragmentos similares buscando propina. Era muy divertido escucharlos, la verdad, pero daba un poco de lástima ver a esas pobres criaturas mendigando libras de esa manera.

Antes de llegar al poblado nos dieron la oportunidad de bañarnos en el Nilo en una zona que había habilitada. Más por la gracia que por otra cosa porque no fueron más de 10 minutos de parada. Y si es por la gracia, ahí que fui. Estaba más caliente de lo que esperaba, la verdad.

Por último, llegamos al pueblo Nubio, nos montamos en unos triciclos (como unas motos con remolque) conducidos por niños que no tendrían 12 años algunos de ellos y subimos a la zona norte del pueblo por caminos de tierra y a una velocidad que no era razonable para el tipo de trasporte en el que íbamos. La verdad es que yo me lo pasé como un crío chico pero algunos de los viajeros, que ya peinaban canas desde hacía tiempo, sufrieron un poco más. Vistas espectaculares, fotos y para abajo. Paramos en una casa Nubia y nos dieron a probar una bebida y un poco de comida local, nos enseñaron a sus mascotas (¡Cocodrilos!) e hicieron unos tatuajes de henna a quienes se animaron. Lo dicho, muy divertida la tarde.

El pueblo Nubio fue el gran damnificado por la construcción de la presa de Asuán y muchos de ellos tuvieron que ser relocalizados y cambiar su forma de vida de alguna manera. Ahora muchos viven, como casi todo Egipto, del turismo, la artesanía local y la pesca.

Día 5

El miércoles amanecimos sobre las 5 para poder visitar el templo de Philae antes de coger el avión rumbo a El Cairo y concluir así la primera parte del viaje que se componía del crucero y los templos del Nilo. El templo de Philae fue otro de los que tuvieron que ser movidos tras la construcción de la manida presa y, paradójicamente, ya no se encuentra en la isla de Philae (que está inundada) sino en la isla de Agilkia, situada a pocos metros. Se aprecian zonas ennegrecidas en algunas paredes debido al limo del Nilo que soportó durante algunos años.

Fue el último lugar donde se practicó la religión egipcia antigua hasta que, en el 537 ordenó la clausura del templo. La construcción en sí no es la más espectacular (aunque, de nuevo, sería la atracción principal de casi cualquier ciudad del mundo), pero tiene una historia muy rica e interesante. Construido en la época faraónica, aumentó en importancia en la helenística y fue cristianizada posteriormente (podemos encontrar hasta una especie de altar cristiano y un sagrario excavado en el propio muro del templo). También fue vandalizado cuando llegaron los franceses y hay grabados de nombres de soldados en algunas de las paredes.

El vuelo interno de Asuán a El Cairo por supuesto tuvo retraso y nos hizo llegar tarde a la capital egipcia. Allí nos recibieron y distribuyeron en autobuses otros guías de la empresa Explora Traveler y llegamos a nuestro fantástico Resort en Giza.

A pesar del cansancio, nos sumamos a la cena bereber que nos ofreció el guía en el autobús por aquello de despreocuparnos un poco e ir a tiro hecho. Resultó ser un restaurante muy para turistas en una especie de jaima llena de luces con una comida bastante de rancho. A 15€ por persona era caro para lo que nos ofrecieron. Estoy seguro de que si hubiésemos ido por nuestra cuenta pillando un par de ubers nos hubiese salido más barato y hubiésemos comido mejor (algunos de los asistentes se quejaron bastante, de hecho) pero realmente pagamos 15€ por persona porque nos recogiesen en el hotel y nos dejasen de nuevo allí y por una carne a la brasa con algunos complementos típicos de la zona. Yo qué sé, está bien. Son ganas de enfadarse en vacaciones.

Día 6

Llegó el gran día. Giza.

A las 7 salimos del hotel de camino a ver las pirámides. Una de las maravillas del mundo antiguo. Una obra colosal que justifica cada céntimo del viaje porque son realmente impresionantes. Pero vaya, que no os descubro nada. Con decir que no decepcionan, pues ya estaría todo hecho supongo.

Vimos las pirámides, la gran esfinge y pagamos la tasa turista por la entrada a una de las dos pequeñas (eran 5€ por persona). ¿Merece la pena entrar? A ver, dentro no hay nada relevante realmente. No hay grabados, es un pasillo estrecho (hay que entrar de cuclillas y bajar unos 50m agachado) bastante claustrofóbico y un par de pequeñas cámaras parcas en detalles. Al lado de las tumbas del Valle de los Reyes o de los templos, no te dicen nada. ¿Pero cuántas veces vas a tener la oportunidad de entrar en una pirámide construida hace 4500 años? Personalmente, estaba emocionado y las sensaciones eran indescriptibles.

Por supuesto, y casi que solo por las fotos (eso sí, fotazas) pagamos los 12 eurazos extra por el ratito de paseo en dromedario. Fue corto, serían 20 minutos o así, pero lo disfruté mucho. Y eso, las fotos molan lo más grande.

Tras salir abandonamos al grupo y comenzó nuestra parte de aventura por nuestra cuenta. Pues no teníamos contratadas las visitas de por la tarde ni del último día (pues queríamos hacerlo por nuestra cuenta). Nos dejaron muy cerca del Gran Museo Egipcio, que está recién inaugurado y era nuestro destino para la tarde, así que fuimos andando. No estaría a un kilómetro pero nuestro primer ratito en solitario ya incluyó cruzar una autovía de 5 carriles para cada lado. El Cairo nos daba la bienvenida.

Del Gran Museo Egipcio qué os voy a decir. Una pasada, claro. Si estuviese vacío ya merecería la pena porque a nivel arquitectónico es una verdadera maravilla, pero es que encima, evidentemente, no está vacío. Dentro hay una cantidad de tesoros inimaginables, incluido, por supuesto, el tesoro al completo de Tutankamon.

Flipamos. De verdad. Igual los curiosos de Egipto ya conocían lo que había allí dentro dado que hay multitud de artículos y documentales, pero yo no. Y joder, normal que haya revuelo, películas y ajetreo con eso. Es una verdadera locura. No puedo describirlo y hacerle justicia así que buscad por google o ved algún documental. O, si tenéis pensado ir a Egipto pronto, no lo hagáis y dejad que os sorprenda en vivo y en directo como lo hizo conmigo.

Volver en Uber al alojamiento no fue tan placentero como creímos que iba a ser. Los taxistas locales nos dieron una turra terrible mientras intentábamos pillar el Uber pues a la salida del museo los hay por decenas. Aun así, conseguimos el uber (más barato, seguro y con mejores coches que los taxis locales) y llegamos sin incidentes al alojamiento que estaba a menos de 10min en coche.

Día 7

¡Por fin un día sin visitas planificadas y con tiempo para ir a nuestro rollo! Aun así nos despertamos a las 7 para aprovechar el día.

Uber mediante llegamos a la Ciudadela de Saladino, ya en el centro de la capital. El Uber tardó unos 30 minutos en llegar y fueron unos 5 euros propina incluida, para que os hagáis una idea de precios. Tirados, vaya.

La ciudadela está guay. Es un recinto amurallado con unos cuantos edificios, algunos incluso públicos de uso actual (como si fuesen ministerios o algo así), varios museos y dos mezquitas. De la ciudadela lo único que merece el precio de la entrada es la gran mezquita de alabastro. Pero por sí sola la justifica de sobra. Qué maravilla, la verdad, una verdadera obra maestra. También visitamos el museo militar pero no nos gustó mucho. Si te gusta el mundo militar, puedes acercarte a ver los tanques y cazas expuestos fuera del museo, a la entrada, que realmente son muy chulos y me ahorraría entrar a las exposiciones. No os vayáis de la ciudadela sin pasar por el mirador (está señalizado) pues realmente las vistas son muy chulas.

Tras la ciudadela, de nuevo en Uber, nos desplazamos hasta el centro turístico, el mercado de Khan El Khalili. Y una de las partes a las que más ganas le tenía. Al ir solos y escapar un poco de los horarios habituales de los autobuses, disfrutamos del paseo con mucha más tranquilidad de lo habitual. El mercado es enorme, hay mil recovecos y tiendas y puedes encontrar de todo. A menos que visites las famosas tiendas de precio fijo (El Jordi o el Galal, situadas en un patio interior pero fáciles de encontrar) te tocará regatear muy fuerte para cada compra. A mi me encanta pero he de reconocer que es un poco extenuante pegarte por comprar un imán de 1 euro porque sino te toca pagar 3. Y claro, no solo me pasa a mi, por eso el Jori estaba siempre a reventar de turistas.

Tuvimos (bueno, tuve) la genial idea, tras comer algo, de salir un poco del circuito turístico para intentar llegar a Downtown, que está a unos 2-3km andando. En teoría por una calle muy bonita y amigable de mercados. No hace falta que lo intentéis. Acabamos en un tapón de gente enorme (todos locales) en una especie de mercadillo de ropa y elementos de uso común y del que nos costó un poco salir. Para hacerlo, de hecho, tuvimos que salir a una calle ancha que era un galimatías enorme de coches, motos, locales cargando cosas de un lado para otro y gente comprando cosas para su día a día. Además, como era viernes (que es festivo, como nuestro sábado) el ambiente era aún más agobiante. Pero bueno, keep calm and carry on. Con extremo cuidado de no morir atropellados o arrollados por alguien o algo, nos conseguimos reubicar y llegar de nuevo a El Khalili y continuar el día, al que le quedaba poco.

Como viajamos en época de ramadán, había ciertas horas puntas en las que era imposible moverse en coche (y eso incluye Uber), así que teníamos que hacer tiempo hasta las 6 cuando se liberaban las carreteras mientras todos rompían el ayuno tras concluir el rezo de la tarde. En ese momento, aunque no sin dificultades, pudimos coger de nuevo Uber y volver al alojamiento.

La verdad es que el día sin guía fue muy emocionante y da gusto no andar a la carrera para visitar 5 cosas en un día y poder disfrutar de cosas menos habituales. Fue muy bonito ver cómo los mercaderes sacaban las alfombras a la calle para rezar cuando sonaba la hora, o como todos se juntaban para romper el ayuno en compañía. Lo mismo para las personas que estén acostumbradas a la cultura musulmana es algo más habitual, pero como para mí es una cultura bastante ajena y nunca había visitado países de predominio musulmán fue algo diferente y enriquecedor.

Día 8

Otro madrugón (nos recogieron a las 3 y media de la noche), bus hasta el aeropuerto, controles, vuelo y regreso a España sin incidentes.

Alojamiento

Durante el viaje disfrutamos de dos alojamientos, el barco y el resort.

Nuestro barco se llamaba MS Stephanie. Una motonave de unas 50 habitaciones que estaba —y fue una suerte— recién reformado. Y digo fue una suerte porque hablamos con otros viajeros y sus barcos no estaban tan nuevos. Así que aunque todos cumplen, los hay mejores y peores y no depende de la categoría. Nos llamó la atención que para entrar en un barco a veces había que pasar por uno, dos y hasta tres barcos más, por lo que pudimos ver las recepciones de unos cuantos y, efectivamente, había un poco de todo. En general el barco es cómodo, nuestra habitación no era ruidosa (en alguna, por lo visto, se escuchaba bastante el motor) y era más amplia que un camarote convencional. El baño era razonablemente espacioso y la ducha también. Sin grandes lujos, pero estuvimos cómodos. La cubierta del barco era preciosa y tenía una pequeña piscina y un bar. No había muchos ratos libres pero sí pudimos disfrutarla algunas horas. Nada mal, la verdad.

El resort, por su parte, era una verdadera pasada. Nosotros nos alojamos en el JAZ Pyramids de Giza, muy cerca del Gran museo y por lo tanto de las pirámides. Tenía unos jardines realmente espectaculares y se notaba de auténtico lujo, muchísimo más del que estoy acostumbrado, para qué lo voy a negar. La zona de piscina también muy bonita aunque no hacía calor y no la pudimos probar siquiera, y la terraza de la piscina tenía incluso actuaciones musicales en directo a la tarde-noche.

Para no haber elegido los alojamientos (realmente, los elige la agencia y poco puedes hacer al respecto) tuvimos bastante suerte y caímos en buenos sitios.

Comida

No me fascina la comida egipcia. Al menos lo que probé. No está mala, pero no destaca.

Los buffets del barco eran muy cumplidores. Muy buena variedad y los platos cambiaban, además, en cada comida o cena y estaban ricos sin ser una experiencia gastronómica memorable. Había sopas, ensaladas, un plato típico, uno de pollo, uno de ternera y pescado, así como pan y dulces. E iban alternando las elaboraciones en cada comida. Bastante bien.

En el resort íbamos en régimen de solo desayuno pero qué desayunos. Había de todo, y quizá algo más. Una maravilla de variedad y calidad. Me dio pena no poder disfrutarlo más días para probarlo todo.

Y fuera de los alojamientos poco pudimos probar. Un Shawarma de ternera (en plato, al estilo tradicional) de un restaurante callejero por El Khalili que nos gustó mucho y algunos zumos y bebidas locales, preferiblemente calientes. Muy rico todo aunque no “fascinante”.

Consejos varios

Bueno, si vas, os dejo cosas que a mi me hubiese gustado saber antes de ir porque, a pesar de que hay 200 mil guías en Internet, pues siempre se quedan cosas.

Lleva billetes pequeños y monedas. Allí el regateo y las propinas son el pan de cada día. Tendrás que dar propina por ir al baño o si quieres que te echen una foto, o casi cualquier cosa que parezca un favor. Así que mejor que tengas una moneda de 50 céntimos porque no querrás discutir con un local para que te dé el cambio como le sueltes una de 1 € (porque spoiler: no te lo va a dar).

Cambia a libras egipcias. Aunque aceptan euros en todos sitios, el cambio que te van a ofrecer es lamentable. Cambia 20, 30 o 40 euros en libras egipcias y ahorrarás dinero. Nosotros cambiamos solo 10 € cada uno y al final el sobrecoste de pagar con tarjeta (a veces te aplican un 3% de comisión, o lo que van viendo…) o el tipo de cambio se notaba. Por ejemplo, para usar un baño, la propina “recomendada” son 20 libras egipcias o 50 céntimos (cuando 20 libras son unos 30 céntimos).

Cuidado con las visitas a “las fábricas”. No lo he comentado, pero el guía nos llevó a varias “fábricas” locales, donde te hacían una pequeña demostración de cómo tallaban piedra, hacían los perfumes o el papiro. Si podéis evitarlo no compréis ahí. Los precios están muy hinchados porque el guía se lleva una suculenta comisión (se habla de incluso un 30 o un 40 %) así que aunque creas que has sacado un buen precio tras un rato de regateo seguramente puedas encontrar el producto por la mitad en el mercado de El Khalili o en tiendas locales de las ciudades.

Sé agresivo en el regateo. Si algo te llama la atención y quieres comprarlo, te tocará regatear con ellos. Te darán siempre un precio absurdamente alto al principio y lo suyo es que hagas lo mismo (pero a la baja) cuando ofertes tú, así podrás llegar a un acuerdo bajando bastante del precio inicial. Mi baza era más o menos conseguir el producto por 1/3 del precio inicial que te decían o un pelín más, así que normalmente empezaba mi regateo ofreciendo 1/4 de lo que ellos me decían o incluso menos. Que no te dé vergüenza hacerlo, es cultural. Plántate un poco por debajo de tu precio real máximo y, si no te aceptan, haz el amago de irte. Te lo bajarán bastante y a poco que subas un poco tendrás el trato hecho. ¡Disfruta del regateo!

Uber mejor que taxi. Lo he comentado arriba, pero lo especifico aquí. Uber funciona muy bien en Egipto. Más barato, mejores coches y la tranquilidad de tener un conductor con reviews y trazado por GPS. Además de poder indicar en el móvil directamente el punto de llegada. Para que os hagáis una idea, del Gran Museo Egipcio a nuestro alojamiento Uber nos costaba unas 100 libras (algo menos de 2 € al cambio) y los taxistas se ofrecían a llevarnos por 5 €.

Si no quieres regatear, ve a las tiendas de precio fijo. Hay pocas, pero si visitas El Cairo, busca en las guías o en Google Maps dónde está el “bazar Jordi” y visítalo si quieres souvenirs a precios honestos. Al lado del Jordi hay otro par de tiendas a precio fijo que también están muy bien.

Cuidado con las calidades. Hay que andar con 3 mil ojos porque en general si te la pueden liar, te la van a liar. Gran parte de las cosas son falsificaciones o productos de china, así que cuidado con comprar cosas caras o a precios de productos de calidad. Arriesgarse a comprar azafrán o especias caras es una buena manera de que te timen y te lleves cosas que no son tal. Hay productos de calidad, por supuesto, pero haz todas las pruebas y tests habidos y por haber antes de pagar algo a precio de oro sin serlo. Por ejemplo, a un viajero que iba con nosotros que encargó un cartucho de plata en el barco con su nombre en egipcio, le querían dar uno muchísimo más fino que el de la muestra. Al mismo precio claro. Se dio cuenta y lo rechazó, pero cuántos no habrá tragado…

¿Merece la pena?

Egipto es un choque brutal, un puñetazo.

Miras hacia atrás y encuentras milenios de historia colosal. En tamaño y conservación. Todo es grande y majestuoso, rico, dorado y mágico. Te hace sentir pequeño y volátil. ¡3 mil, 4 mil años! Cuando nosotros empezábamos a contar, ya era viejo. Cuando nació Cleopatra las pirámides llevaban ahí más de 2 mil años. Y tú vas a ver lo que construyó un faraón a saber cómo trayendo piedras desde más de 600 km.

Luego miras hacia delante y menos mal, porque si no lo haces te atropella un coche o te intenta estafar un comerciante que ya lo quisiera la mejor empresa de marketing occidental.

—Shakira, 6 imanes, un euro. 1,2,3,4,5 y 6.— Cuenta un niño de 10 años descalzo que te asalta por la calle. Todas son Shakira.

—Antonio, pasmina bonita de calidad, material Egipto no China.— Y todos Antonio (Banderas).

—Taxi, ¿quiere taxi? ¿Dónde van? Mejor que Uber, ¿taxi?

—¿Español? Español bien, Francia mal, Inglés mal. Americanos cobro el doble.

El agobio es constante. Y es normal, es su modo de vida en el presente. No tienen mucho más: turismo y exprimir todo lo posible a los que intentamos visitar su pasado, que somos muchos. Muchísimos.

Egipto merece la pena. Y, por desgracia, también la da a veces.

Written on March 15, 2026